La alternancia política es un pilar de la calidad institucional de cualquier organización. Cuando los mismos apellidos se perpetúan en el poder, aunque se alternen las posiciones, el control se desvanece y la transparencia se opaca por culpa de los personalismos extremos. Este deterioro institucional afecta de igual manera a los gobiernos subnacionales (provincia o municipio) y la conducción sindical (incluso cuando esa continuidad resulte legal). Su impacto resulta igualmente negativo para las instituciones de la sociedad civil -se trate de un club barrial, de una mutual, o del Comites (Comité de Italianos en el Exterior)-. Sin renovación, las organizaciones pierden dinamismo y terminan convirtiéndose en feudos. En todas las organizaciones cuyas autoridades se eligen mediante sufragio periódico, la libre competencia y la representación de minorías, son vitales. No sólo porque legitiman a las autoridades, sino que evitan el estancamiento, garantizan la transparencia y reflejan fielmente a la comunidad votante. El día que los ciudadanos comprendamos que la alternancia es indispensable, lograremos oxigenar las instituciones. Y sólo así despertaremos el verdadero potencial de una sociedad libre, soberana y dueña de su propio destino.
Marcelo Daniel Castagno
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